Las jornadas de germinal, año III (abril 1795)

Las jornadas de germinal, año III (abril 1795)

La crisis política de principios de germinal puso en actividad a la mayoría termidoriana de la Convención y la Creta, minoría montañesa que en cierto momento viose rebasada por los progresos de la reacción. La oposición irreductible se cristalizó en dos puntos. La Constitución de 1793 presentada por Fréron “como creación de algunos desalmados” y que la mayoría termidoriana creía que iba de acuerdo con las leyes orgánicas, era considerada por el contrario, por la Creta como el “palladium” del pueblo francés. El 2 de germinal (22 de marzo), por otra parte, empezó el debate sobre la acusación de los Cuatro: Barère, Billaud-Varenne, Collot d’Herbois y Vadier. Debate tumultoso que inflamó la opinión popular mientras que la opinión burguesa se impacientaba. La Convención cortó por medio de dos decretos: el 9 de germinal (29 de marzo) rechazó toda idea de amnistía decidiendo reemprender el proceso de los Cuatro; el 12 (1 de abril), nombró a una comisión encargada de preparar las leyes orgánicas.

La movilización de las masas populares ya estaba hecha en ese momento. Las aglomeraciones en las puertas de las panaderías se habían convertido en tumultos a finales de ventoso (mediados de marzo). El 27 de ventoso (17 de marzo) se agruparon las barriadas de Saint-Marceau y de Saint-Jacques y fueron a la Convención; “Nos falta el pan, estamos a punto de lamentar todos los sacrificios que hemos hecho por la Revolución”. El 1 de germinal (21 de marzo), las tres secciones del barrio de Saint-Antoine fueron a su vez a la Convención, reclamando que se pusiese en vigor la Constitución de 1793, que se tomasen medidas contra el hambre y que se denunciase a los enemigos del pueblo, “esclavos de las riquezas”. Se multiplicaron los alborotos entre los desarrapados, llenos de desesperación, y los grupos de la dorada juventud. El Gobierno, no obstante, continuaba sus preparativos para resistir a la insurrección que se esperaba. El 1 de germinal (21 de marzo), Sièyes logró que se votase una ley de máxima represión; dictaba la pena de muerte contra aquellos que, por medio de un movimiento concertado y con palabras de carácter sedicioso, se presentasen ante la Convención. El 2 (22 de marzo) los comités hicieron que se distribuyesen a los ciudadanos de confianza 100 fusiles por cada sección. Las perturbaciones se agravaron el 7 de germinal (27 de marzo) en la sección de Gravilliers y duraron dos días. El 10 (30 de marzo), las reuniones de cada sección fueron tempestuosas; en diez secciones ganaron los desarrapados. Al día siguiente, la sección de Quinze-Vingts apareció de nuevo ante la Convención con un verdadero programa popular, criticando con dureza lo ocurrido a continuación del 9 de termidor y aboliendo el máximun y reclamando una municipalidad parisiense electiva, la reapertura de las sociedades populares y la puesta en vigor de la Constitución. “Estamos en pie para sostener la República y la libertad”. Esa fue la señal del levantamiento popular.

La jornada del 12 de germinal, año III (1 de abril de 1795), marcó el grado de desorganización a que había llegado el movimiento popular, privado de sus cuadros, víctimas de la represión. Manifestación más bien que insurrección fue la reunión desordenada de una multitud desarmada que se contentó con invadir la Convención y expresar sus deseos: la Constitución de 1793 y las medidas contra el hambre. La guardia nacional de los barrios adinerados dispersó sin dificultades a los manifestantes. La jornada había fracasado por falta de un plan preciso de acción y también de jefes; las horas en las que los sans-culottes fueron dueños de la Convención se perdieron en el tumulto y en los discursos vanos. La agitación continuó al día siguiente, el 13 de germinal (2 de abril), especialmente en el barrio de Saint-Antoine, en la sección de Quinze-Vingts. La Convención decretó el estado de sitio y el orden quedó rápidamente establecido.

Las consecuencias políticas del golpe popular no se hicieron esperar. Ganó la derecha. “Es preciso -declaró André Dumont a uno de sus dirigentes- aprovechar bien esta ocasión”. En la noche del 12 al 13 de germinal la Convención decretó la deportación de los cuatro a La Guayana sin juicio alguno. La izquierda quedó una vez más diezmada con el arresto de los ocho montañeses, de los cuales Amar y Duhem fueron encerrados rápidamente en el fuerte de Ham. Algunos días más tarde otros ocho diputados fueron desterrados, entre ellos Cambon. El 17 de floreal (6 de mayo), Fouquier-Tinville fue condenado a muerte con catorce miembros del antiguo Tribunal revolucionario. El problema constitucional pasaba, por tanto, al orden del día. La Constitución de 1793 no se había puesto hasta ese momento en tela de juicio. El debate había sido sobre su aplicación por medio de leyes orgánicas. Fue denunciada el 25 de floreal (14 de mayo); lo que fue por la sección de la República, como una “constitución decenviral, dictada por el miedo y aceptada bajo su imperio”. Los progresos de la reacción, conjugándose con la transformación de la dieta en hambre impulsaron al movimiento popular nuevamente.