La reacción religiosa y la amnistía de los vendeanos

La reacción religiosa y la amnistía de los vendeanos

La reacción religiosa contribuyó en parte al progreso de la contrarrevolución.

La separación de la Iglesia y del Estado había quedado instaurada de hecho por Decreto el 2do sans-culottide, año II (18 de septiembre de 1794). Por cuestiones de economía, Cambon hizo que se suprimiese ese día del presupuesto de la Iglesia juramentada; la Constitución civil del clero quedaba así constituida implícitamente y el Estado totalmente laico. Las medidas contra los sacerdotes refractarios continuaron en vigor y las iglesias cerradas. Pero a medida que la reacción se estabilizó muchos franceses echaron de menos las antiguas ceremonias religiosas y los fieles reclamaron que se abriesen las iglesias. El culto cívico, demasiado intelectual y despojado en ese momento de todo carácter patriótico y democrático, no podía ensalzar ya a los desarrapados.
Los sacerdotes constitucionales restablecieron poco a poco su Iglesia: así, en Loir-et-Cher, cuyo obispo Grégoire reclamó la plena libertad de culto, el 1 de nivoso (21 de diciembre de 1794). No obstante, los sacerdotes refractarios, llamados curas de maleta en el Norte, celebraban clandestinamente la misa ciega.

La libertad de culto no podía encontrar obstáculos, desde el momento en que había sido concedida a los rebeldes de la Vendée con la pacificación de La Jaunaye, el 29 de pluvioso, año III (17 de febrero de 1794). El 3 de ventoso (21 de febrero), según informe de Boissy d’Anglas, la Convención autorizó el culto en los edificios que los sacerdotes y fieles pudieran procurarse. La separación quedaba confirmada y las iglesias abiertas al culto decadario. El culto católico continuaba siendo privado; todos los sacerdotes podían celebrarlo a condición de haber prestado el juramento del 14 de agosto de 1792, a la libertad y a la igualdad, llamado el pequeño juramento; quedaba prohibido estrictamente tocar las campanas, llevar los hábitos y las colectas públicas. El culto constitucional se reorganizó rápidamente bajo la dirección de Grégoire, que publicó Les Annales de la religion. Los sacerdotes romanos que habían prestado el pequeño juramento publicaron Les Annales religieuses, politiques et littéraires. Los refractarios desarrollaron como nunca el culto clandestino, oponiéndose a los constitucionales en múltiples conflictos:

“Volviendo a crear católicos, escribía Mallet du Pan el 17 de marzo de 1795, la Convención crea realistas… No hay un solo sacerdote que no haga un caso de conciencia que sus fieles queden vinculados a este régimen”.

El descontento de los católicos continuó. Para acallarlo, la Convención estaba dispuesta a llegar a las últimas consecuencias: al mismo tiempo estaba en una situación difícil dada la oposición popular que multiplicaba la crisis económica.

Las concesiones a los insurrectos del Oeste estaban en la misma línea política. El 9 de termidor, Charette continuaba manteniéndose en el Marais, Sapinaud en Bocage y Stofflet en Mauges; pero sus facciones, hostigadas por columnas móviles, quedaban poco a poco diezmadas. La Vendée, sin embargo, se duplicaba en Bretaña y en las márgenes de sus bosques crecían las guerrillas, los chouanes. Una vez que hubieron abandonado el Terror y la acción represiva, los termidorianos creían poder pacificar el Oeste con una política de conciliación. Imponiendo su autoridad, Hoche recordaba, el 29 de fructidor (15 de setiembre de 1794), que el Terror había terminado. Los prisioneros quedaron libres, los insurrectos gozaron de la amnistía. El 12 de frimario, año III (2 de diciembre de 1794), la amnistía extendióse a los rebeldes que se sometían al cabo de un mes. En enero de 1795 empezaron las conversaciones con los jefes realistas, quienes, estimulados, continuaban con los asesinatos y el bandorelismo (“hacemos la guerra de los corderos contra los tigres”, escribía el 4 de pluvioso (23 de enero de 1795) el representante Boursault); los rebeldes impusieron sus condiciones.

La pacificación de La Jaunaye, cerca de Nantes, negociada en especial con Charette, firmada el 29 de pluvioso (17 de febrero de 1795), concedió la amnistía a los rebeldes, restituyéndoles sus bienes o indemnizándoles en caso de venta, incluso aunque fuesen emigrados; dispensó a los de Vendée del servicio militar, dejándoles sus armas; la libertad de culto había sido concedida al fin, incluso a los refractarios. La pacificación de la Prévalaye, cerca de Rennes, estipulaba el 1 de floreal (20 de abril de 1795) las mismas condiciones en favor de los chouanes.

La capitulación termidoriana quedó sin efecto y la pacificación fue algo ilusorio. Los de la Vendée y los chouanes contaron con todo sosiego para prepararse a reemprender la lucha. La Chouannerie pronto ganó nuevos departamentos. Los termidorianos, impotentes, no pudieron reaccionar; la continuación del movimiento popular, exasperado por la crisis económica, exigía la alianza de todos los reaccionarios.