El retorno a la libertad económica (agosto-diciembre de 1794)
El máximum general de las mercancías de primera necesidad, proclamado el 29 de septiembre de 1793, no había funcionado con rigor, en lo que respecta al abastecimiento civil, más que para los granos. Con respecto a los otros artículos alimenticios, y aunque sin tolerar que fuera públicamente violado, el Comité de Salud Pública renunció a él. El comercio clandestino se había desarrollado; pero, en tanto duró el Terror, los precios sólo aumentaron levemente. Sobrevino el 9 de termidor. El 21 de fructidor, año II (7 de septiembre de 1794), la Convención prorrogó por todo el año III el máximum de los granos y de la harina, y el máximum general del 29 de septiembre de 1793. Pero al haberse abandonado la represión, se agudizó el alza, el mercado clandestino se amplió y poco a poco las transacciones se hicieron libres. “En los mercados ya no se sigue el máximum : todo se vende por las buenas”, observa un informe de policía, el 20 de vendimiario, año III (11 de octubre de 1794).
El sistema de las requisiciones por distritos, previsto por el decreto del 11 de septiembre de 1793 para el avituallamiento en grano de los mercados, se deshizo. Los cultivadores, sin la amenaza ya de ser tratados como sospechosos, entregaban sus granos de mala gana y comenzaban a vender clandestinamente. Al encontrar defensores en la Convención, por el decreto de 19 brumario (9 de noviembre de 1794), los campesinos obtuvieron algunas concesiones: en particular, las requisas de partidas no entregadas no tenían ya otra consecuencia que la confiscación del contingente requisado. En consecuencia, la resistencia de los campesinos se agudizó y el aprovisionamiento de las ciudades se hizo cada vez más difícil. Con el gobierno revolucionario dislocado y abandonado el Terror, era imposible exigir la ejecución de las requisas y la observación de las tasas.
La nacionalización de un importante sector de la economía (fabricaciones de guerra, transportes interiores, comercio exterior) ocasionó también muchas dificultades: sólo era eficaz en el marco del máximum general. El sistema continuó funcionando después de termidor, siempre bajo la dirección de Lindet, que, aunque desde el 15 de vendimiario (6 de octubre de 1794) había dejado de formar parte del Comité de Salud Pública, fue nombrado presidente del Comité del Comercio, de la Agricultura y de las Artes.
La nacionalización de las industrias de guerra provocó numerosas y también poderosas oposiciones. Los artesanos y los industriales soportaban mal el control del Estado,la tarifa del máximum y aún más ver que las fábricas nacionales les quitaban trabajo. Haciendo una primera concesión,el Comité de Salud Pública hizo entrega a la empresa privada de un determinado número de fábricas a partir de fructidor, la fundición de Toulouse,la de Maubeuge en frimario. Sobre todo, desmanteló poco a poco la gran fábrica de armas de París, reduciéndola a taller de reparaciones y dispersando en los talleres de los departamentos a aquellos obreros de quienes se temía la oposición política; en pluvioso no quedaba más que un millar de obreros pagados a destajo.
La nacionalización del comercio exterior perjudicaba los intereses de los armadores, de los negociantes y financieros, para quienes el gran comercio marítimo y las especulaciones sobre el cambio constituían una fuente esencial de beneficio. En su informe sobre la situación de la República, el 4to día sans-culottide, año II (20 de septiembre de 1794), Lindet concedía que era necesario reanimar el comercio exterior. La cosecha era mala, se anunciaba hambre para la primavera. El Comité de Salud Pública se preocupaba de procurar los granos, autorizando a los negociantes y a los neutrales a que importasen libremente. La Convención inclinóse por la vía de las concesiones: el 26 de vendimiario (17 de octubre) un decreto autorizaba a los fabricantes a importar libremente los productos necesarios para sus talleres. El 6 de frimario (26 de noviembre) la importación de las mercancías no prohibidas era libre. Pero la libertad de las importaciones no podía conciliarse con la aplicación del máximum tanto más cuanto que el decreto de 25 de brumario (15 de noviembre) autorizaba en los puertos franceses el comercio libre con los neutrales.
La ofensiva contra la economía dirigida y el máximum se generalizó hacia finales de otoño. El 14 de brumario, año III (4 de noviembre de 1794), la Convención pidió un informe sobre “los inconvenientes del máximum ”. El ataque se centró particularmente sobre el desarrollo y los errores de gestión de la burocracia de la economía nacional, que no poseyendo organización estadística alguna, no podía tener una idea exacta de los recursos y de las necesidades. Ataque muy fuerte, ya que esos departamentos estaban repletos de partidarios del régimen del año II. Por medio de estos departamentos, el propio principio de la economía dirigida estaba supervisado y especialmente el control de provisiones a los ejércitos. Los financieros querían que retornaran las antiguas prácticas, para imponer nuevamente al Estado los servicios de los abastecedores y de las compañías financieras, fuente de un tráfico fructuoso y de enormes fortunas. La campaña de los partidarios de la libertad económica terminó por hundirse: el 19 de frimario (9 de diciembre) un informe al Comité de Comercio, del cual fue muy pronto expulsado Lindet, terminaba pidiendo la abolición del máximum.
El decreto de 4 de nivoso, año III (24 de diciembre de 1794), suprimía el máximum y la reglamentación; la circulación de los granos quedaba completamente libre en el interior de la República. La Comisión de Comercio y de Aprovisionamientos conservaba, aunque al precio corriente, el derecho de prelación respecto de las mercancías necesarias para el Ejército. La supresión del máximum promovió una crisis tremenda.










